Cartel para LaCharito Fest

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Donde la música y el cine se encuentran

Diseño de identidad visual, cartel y campaña para Lacharito Fest en Barcelona

El contexto

Lacharito Fest nació como un festival de música y un punto de encuentro entre la industria musical y la audiovisual, dos universos profundamente conectados que, sin embargo, no siempre cuentan con espacios donde sus profesionales puedan conocerse, intercambiar ideas y generar nuevas colaboraciones.

Impulsado por Lacharito Films y The Creative Family, el festival buscaba reunir a artistas, productoras, realizadores y profesionales creativos alrededor de una programación de música en directo, sesiones de DJ y encuentros vinculados al cine y al audiovisual.

Me encargaron desarrollar la identidad visual y la campaña gráfica de su primera edición en Barcelona. El proyecto incluyó el diseño del logo, el cartel principal, la web, las adaptaciones para publicidad online y la dirección creativa de las animaciones, además de la preparación de las distintas piezas necesarias para trasladar el universo del festival de las pantallas a las calles de la ciudad.

El objetivo era construir una identidad con personalidad propia que comunicara la conexión entre la música y el cine a través de una estética con referencias vintage, pero reinterpretada desde un lenguaje contemporáneo, dinámico y lleno de movimiento.

El reto

La identidad debía comunicar dos disciplinas que se relacionan constantemente, pero que también cuentan con códigos visuales propios. El cine habla a través de la mirada, la secuencia, el encuadre y la narración, mientras que la música se construye desde el ritmo, la repetición, la energía y el sonido.

El reto consistía en encontrar los puntos de encuentro entre ambos mundos y convertirlos en un sistema visual coherente, capaz de presentar la información del festival con claridad y, al mismo tiempo, despertar curiosidad dentro de un entorno urbano y digital saturado de estímulos.

También necesitábamos crear una estética vintage sin caer en la nostalgia literal. La intención no era reproducir una época concreta, sino recuperar la energía gráfica de los antiguos carteles culturales, los créditos cinematográficos y la comunicación musical analógica para transformarla en una identidad actual, flexible y reconocible.

El sistema debía funcionar en diferentes escalas y soportes, desde un cartel empapelado en las calles de Barcelona hasta anuncios digitales y piezas animadas, manteniendo siempre el mismo carácter.

La idea: crear puntos de encuentro

La dirección conceptual nació de una pregunta: ¿dónde se encuentran el cine y la música?

Se encuentran en el ritmo de una secuencia, en una banda sonora que transforma una escena, en el movimiento de una cámara, en la construcción de una atmósfera y en todas las personas que colaboran para convertir una idea en una experiencia.

A partir de esta reflexión, desarrollé una identidad visual basada en los puntos de encuentro entre ambas disciplinas. Las formas se cruzan, se superponen y atraviesan las composiciones, mientras que los diferentes elementos parecen entrar y salir de escena, creando una imagen en constante movimiento.

El cartel no se planteó como una superficie estática donde colocar información, sino como un espacio compartido en el que artistas, tipografía, fotografía, ilustración y color pudieran encontrarse. Cada elemento ocupa su lugar dentro de la composición, pero también se relaciona con los demás, del mismo modo que una película o una actuación musical dependen de múltiples personas, lenguajes y decisiones.

Una estética vintage en movimiento

Las referencias vintage se combinaron con una composición más libre y contemporánea, donde las formas crean recorridos, enmarcan la información y generan diferentes puntos de atención. El resultado conserva la calidez y la personalidad de lo analógico, pero evita sentirse rígido o excesivamente nostálgico.

El movimiento fue uno de los principios centrales del sistema. Aunque el cartel debía funcionar como una imagen fija, la composición fue diseñada para transmitir ritmo mediante la dirección de las formas, los cambios de escala, las superposiciones y la relación entre los distintos bloques de información.

Las fotografías en blanco y negro aportaron una dimensión documental y reforzaron las referencias gráficas vintage, mientras que la paleta de colores intensos introdujo energía, contraste y una presencia reconocible dentro del paisaje urbano. La tipografía ayudó a ordenar la programación sin eliminar la espontaneidad del conjunto, permitiendo que la información y la expresión visual convivieran dentro de una misma pieza.

Del logo a un sistema visual completo

El proyecto comenzó con el diseño del logo, que debía ofrecer al festival una firma reconocible y funcionar como punto de partida para el resto de la identidad.

A partir de este elemento desarrollé un sistema gráfico flexible que conectaba el logo con el cartel principal, las piezas publicitarias y las animaciones. En lugar de reproducir la misma composición en todos los formatos, cada adaptación reorganizaba el contenido de acuerdo con su escala, proporción y contexto de lectura.

Dar movimiento a la identidad

Las animaciones ampliaron el concepto y permitieron que el movimiento sugerido por las piezas estáticas se convirtiera en una parte real de la comunicación.

Fueron desarrolladas por Lucía Carcedo bajo mi dirección creativa, durante el periodo en el que realizaba sus prácticas conmigo. Mi trabajo consistió en definir el ritmo, las transiciones, las jerarquías y la manera en la que los elementos de la identidad debían aparecer, encontrarse y desplazarse dentro de cada composición.

Las formas, las fotografías, la tipografía y los bloques de color comenzaron a entrar y salir de escena, haciendo referencia tanto a la edición cinematográfica como al ritmo de una pieza musical. De esta manera, las animaciones no funcionaron como una aplicación independiente, sino como una extensión natural del concepto gráfico.

De las pantallas a las calles de Barcelona

La identidad se desarrolló en un sistema multiformato que incluyó el logo, el cartel principal, las adaptaciones para anuncios online y las piezas animadas. El cartel fue producido, impreso y llegó a empapelar las calles de Barcelona, llevando el universo de Lacharito Fest al espacio público antes de la fecha prevista para el evento.

Sin embargo, hay proyectos que, aunque contienen todos los ingredientes para convertirse en algo especial, no llegan a desarrollarse tanto como podrían haberlo hecho.

Por motivos ajenos a la organización, el festival tuvo que cancelarse antes de celebrarse. Debido a esta cancelación, tampoco fue posible realizar una documentación profesional de la campaña mientras los carteles instalados todavía se encontraban en buenas condiciones.

Aunque el evento no llegó a suceder, la identidad sí tuvo una vida real. Fue diseñada, animada, adaptada, producida y vista en distintos puntos de Barcelona, convirtiendo durante un tiempo la idea del festival en una presencia física dentro de la ciudad.

El resultado

El resultado fue una identidad visual completa y adaptable que utilizó el diseño gráfico, la ilustración, la fotografía, la tipografía y la animación para representar los puntos de encuentro entre el cine y la música.

El sistema consiguió traducir una intención abstracta, conectar dos industrias creativas, en un lenguaje visual reconocible, con referencias vintage y una sensación constante de movimiento.

Aunque Lacharito Fest no llegó a celebrar su primera edición, el proyecto sigue siendo valioso por todo lo que sí consiguió materializar. La identidad llegó a las calles, comunicó la propuesta del festival y demostró cómo una idea podía extenderse de manera coherente entre formatos impresos, digitales y animados.

Porque no todos los proyectos creativos tienen la oportunidad de vivir la historia completa que imaginamos para ellos, pero incluso una historia interrumpida puede dejar imágenes, aprendizajes y conexiones que merecen permanecer.

Mi rol

Dirección creativa y de arte, concepto, storytelling visual, diseño de identidad, diseño de logo, diseño de cartel, ilustración, composición, tratamiento fotográfico, adaptaciones para anuncios online, preparación de archivos para impresión, dirección de animaciones y mentoría creativa.

Animaciones: Lucía Carcedo, realizadas bajo mi dirección creativa durante sus prácticas conmigo.

Donde la música y el cine se encuentran

Diseño de identidad visual, cartel y campaña para Lacharito Fest en Barcelona

El contexto

Lacharito Fest nació como un festival de música y un punto de encuentro entre la industria musical y la audiovisual, dos universos profundamente conectados que, sin embargo, no siempre cuentan con espacios donde sus profesionales puedan conocerse, intercambiar ideas y generar nuevas colaboraciones.

Impulsado por Lacharito Films y The Creative Family, el festival buscaba reunir a artistas, productoras, realizadores y profesionales creativos alrededor de una programación de música en directo, sesiones de DJ y encuentros vinculados al cine y al audiovisual.

Me encargaron desarrollar la identidad visual y la campaña gráfica de su primera edición en Barcelona. El proyecto incluyó el diseño del logo, el cartel principal, la web, las adaptaciones para publicidad online y la dirección creativa de las animaciones, además de la preparación de las distintas piezas necesarias para trasladar el universo del festival de las pantallas a las calles de la ciudad.

El objetivo era construir una identidad con personalidad propia que comunicara la conexión entre la música y el cine a través de una estética con referencias vintage, pero reinterpretada desde un lenguaje contemporáneo, dinámico y lleno de movimiento.

El reto

La identidad debía comunicar dos disciplinas que se relacionan constantemente, pero que también cuentan con códigos visuales propios. El cine habla a través de la mirada, la secuencia, el encuadre y la narración, mientras que la música se construye desde el ritmo, la repetición, la energía y el sonido.

El reto consistía en encontrar los puntos de encuentro entre ambos mundos y convertirlos en un sistema visual coherente, capaz de presentar la información del festival con claridad y, al mismo tiempo, despertar curiosidad dentro de un entorno urbano y digital saturado de estímulos.

También necesitábamos crear una estética vintage sin caer en la nostalgia literal. La intención no era reproducir una época concreta, sino recuperar la energía gráfica de los antiguos carteles culturales, los créditos cinematográficos y la comunicación musical analógica para transformarla en una identidad actual, flexible y reconocible.

El sistema debía funcionar en diferentes escalas y soportes, desde un cartel empapelado en las calles de Barcelona hasta anuncios digitales y piezas animadas, manteniendo siempre el mismo carácter.

La idea: crear puntos de encuentro

La dirección conceptual nació de una pregunta: ¿dónde se encuentran el cine y la música?

Se encuentran en el ritmo de una secuencia, en una banda sonora que transforma una escena, en el movimiento de una cámara, en la construcción de una atmósfera y en todas las personas que colaboran para convertir una idea en una experiencia.

A partir de esta reflexión, desarrollé una identidad visual basada en los puntos de encuentro entre ambas disciplinas. Las formas se cruzan, se superponen y atraviesan las composiciones, mientras que los diferentes elementos parecen entrar y salir de escena, creando una imagen en constante movimiento.

El cartel no se planteó como una superficie estática donde colocar información, sino como un espacio compartido en el que artistas, tipografía, fotografía, ilustración y color pudieran encontrarse. Cada elemento ocupa su lugar dentro de la composición, pero también se relaciona con los demás, del mismo modo que una película o una actuación musical dependen de múltiples personas, lenguajes y decisiones.

Una estética vintage en movimiento

Las referencias vintage se combinaron con una composición más libre y contemporánea, donde las formas crean recorridos, enmarcan la información y generan diferentes puntos de atención. El resultado conserva la calidez y la personalidad de lo analógico, pero evita sentirse rígido o excesivamente nostálgico.

El movimiento fue uno de los principios centrales del sistema. Aunque el cartel debía funcionar como una imagen fija, la composición fue diseñada para transmitir ritmo mediante la dirección de las formas, los cambios de escala, las superposiciones y la relación entre los distintos bloques de información.

Las fotografías en blanco y negro aportaron una dimensión documental y reforzaron las referencias gráficas vintage, mientras que la paleta de colores intensos introdujo energía, contraste y una presencia reconocible dentro del paisaje urbano. La tipografía ayudó a ordenar la programación sin eliminar la espontaneidad del conjunto, permitiendo que la información y la expresión visual convivieran dentro de una misma pieza.

Del logo a un sistema visual completo

El proyecto comenzó con el diseño del logo, que debía ofrecer al festival una firma reconocible y funcionar como punto de partida para el resto de la identidad.

A partir de este elemento desarrollé un sistema gráfico flexible que conectaba el logo con el cartel principal, las piezas publicitarias y las animaciones. En lugar de reproducir la misma composición en todos los formatos, cada adaptación reorganizaba el contenido de acuerdo con su escala, proporción y contexto de lectura.

Dar movimiento a la identidad

Las animaciones ampliaron el concepto y permitieron que el movimiento sugerido por las piezas estáticas se convirtiera en una parte real de la comunicación.

Fueron desarrolladas por Lucía Carcedo bajo mi dirección creativa, durante el periodo en el que realizaba sus prácticas conmigo. Mi trabajo consistió en definir el ritmo, las transiciones, las jerarquías y la manera en la que los elementos de la identidad debían aparecer, encontrarse y desplazarse dentro de cada composición.

Las formas, las fotografías, la tipografía y los bloques de color comenzaron a entrar y salir de escena, haciendo referencia tanto a la edición cinematográfica como al ritmo de una pieza musical. De esta manera, las animaciones no funcionaron como una aplicación independiente, sino como una extensión natural del concepto gráfico.

De las pantallas a las calles de Barcelona

La identidad se desarrolló en un sistema multiformato que incluyó el logo, el cartel principal, las adaptaciones para anuncios online y las piezas animadas. El cartel fue producido, impreso y llegó a empapelar las calles de Barcelona, llevando el universo de Lacharito Fest al espacio público antes de la fecha prevista para el evento.

Sin embargo, hay proyectos que, aunque contienen todos los ingredientes para convertirse en algo especial, no llegan a desarrollarse tanto como podrían haberlo hecho.

Por motivos ajenos a la organización, el festival tuvo que cancelarse antes de celebrarse. Debido a esta cancelación, tampoco fue posible realizar una documentación profesional de la campaña mientras los carteles instalados todavía se encontraban en buenas condiciones.

Aunque el evento no llegó a suceder, la identidad sí tuvo una vida real. Fue diseñada, animada, adaptada, producida y vista en distintos puntos de Barcelona, convirtiendo durante un tiempo la idea del festival en una presencia física dentro de la ciudad.

El resultado

El resultado fue una identidad visual completa y adaptable que utilizó el diseño gráfico, la ilustración, la fotografía, la tipografía y la animación para representar los puntos de encuentro entre el cine y la música.

El sistema consiguió traducir una intención abstracta, conectar dos industrias creativas, en un lenguaje visual reconocible, con referencias vintage y una sensación constante de movimiento.

Aunque Lacharito Fest no llegó a celebrar su primera edición, el proyecto sigue siendo valioso por todo lo que sí consiguió materializar. La identidad llegó a las calles, comunicó la propuesta del festival y demostró cómo una idea podía extenderse de manera coherente entre formatos impresos, digitales y animados.

Porque no todos los proyectos creativos tienen la oportunidad de vivir la historia completa que imaginamos para ellos, pero incluso una historia interrumpida puede dejar imágenes, aprendizajes y conexiones que merecen permanecer.

Mi rol

Dirección creativa y de arte, concepto, storytelling visual, diseño de identidad, diseño de logo, diseño de cartel, ilustración, composición, tratamiento fotográfico, adaptaciones para anuncios online, preparación de archivos para impresión, dirección de animaciones y mentoría creativa.

Animaciones: Lucía Carcedo, realizadas bajo mi dirección creativa durante sus prácticas conmigo.